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SANTOS CORNELIO Y CIPRIANO
MÁRTIRES

Memoria de los santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires, acerca de los cuales el catorce de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. Juntos son celebrados en esta memoria por el orbe cristiano, porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo (252, 258).

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 7, 1-10.


Ni en Israel he encontrado tanta fe.

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oir hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: –Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: –Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace. Al oir esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: –Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor.

La confesión de fe del centurión abre esta semana la liturgia de la palabra. Se trata de una confesión que se volvió parte de nuestra liturgia eucarística, pues todos los días antes de comulgar decimos estas palabras: señor no soy digno que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme. Es una confesión de fe que habla de la grandeza y poder que tiene la palabra de Dios, capaz de salvar y transformar la vida del hombre. Cabría preguntarnos si nosotros somos capaces de hacer esta confesión de fe con tanto convencimiento y firmeza como el centurión. Creo que para poder hacerla se hace necesario que tengamos una relación estrecha y firme con la palabra de Dios, de tal modo que podamos encontrar esa convicción, no porque otros lo dicen, sino porque lo experimento en mi vida. Feliz inicio de semana para todos.